Hacia el final de ese año acompañó a su hermano al recién creado
Territorio de Nevada, donde probaron fortuna en las minas de plata. Al
año siguiente comenzó a trabajar como periodista en el Territorial Enterprise de Virginia City (Nevada) y, en 1863, empezó a firmar sus
artículos con el seudónimo Mark Twain, una expresión utilizada en el río
Mississippi que significa dos brazas de profundidad (el calado mínimo
necesario para la buena navegación). Después se trasladó a San
Francisco, en 1864, y allí conoció a los escritores Artemus Ward y Bret
Harte, que le animaron a continuar con su trabajo. Al año siguiente
retocó una historia que había oído contar en las minas de oro de
California. En muy pocos meses, el autor y su cuento, “La célebre rana
saltarina del condado de las Calaveras”, adquirieron una enorme fama en
todo el país.
En 1867, pronunció conferencias en Nueva York
y visitó Europa y Tierra Santa. Escribió sobre estos viajes en
Los inocentes en el extranjero
(1869), un libro en el que se burlaba de los aspectos del Viejo
Continente que solían deslumbrar a los turistas estadounidenses. En 1870
se casó con Olivia Langdon y, tras una breve estancia en Buffalo (Nueva
York), la pareja se estableció en Hartford (Connecticut). Entre esta
ciudad y Quarry Farm, Nueva York, escribió gran parte de sus mejores
obras en las décadas 1870 y 1880.
Una vida dura
(1872) rememora sus experiencias como periodista y buscador de oro,
mientras Las aventuras de
Tom Sawyer (1876) describe la
infancia en un pueblo a orillas del Mississippi.
Un vagabundo en el extranjero
(1880) narra un viaje a pie entre la Selva Negra, en Alemania, y los
Alpes suizos. Príncipe y
mendigo (1882), un libro juvenil,
basa su trama argumental en el intercambio de identidades en la
Inglaterra de los Tudor. Vida en el Mississippi (1883)
combina el recuento autobiográfico de sus experiencias como piloto de
barco con una visita al Mississippi veinte años después.
Un yanqui en la corte del Rey Arturo
(1889) satiriza la opresión en la Inglaterra feudal.
Las aventuras de Huckelberry Finn
(1884), la secuela de Tom Sawyer, ha sido considerada la obra maestra de
Mark Twain. Aunque repleta de humor y exuberancia narrativa, no deja de
denunciar los efectos de la crueldad humana.
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