Poco a
poco la casa Hetzel fue fichando la flor de la literatura del siglo XIX;
hacia los años 1850 era el editor clave del siglo, porque publicaba las
obras de Hugo y Michelet, entre otros. Hombre emprendedor y escritor
discreto, pensó en una revista de calidad, de espíritu instructivo y
recreativo a la vez, ilustrada, apta para todas las edades y que
completase la colección para la juventud que había lanzado poco antes.
Jean Macé se encargaría de la parte educativa, Stahl de la parte
literaria. Faltaba un colaborador para la parte científica; éste iba
a ser el joven que Hetzel acababa de contratar, Julio Verne.
Verne
acababa de casarse y se aburría manejando acciones y obligaciones. Su
pasión era la geografía, el mundo de la ciencia, el mar, las
expediciones a países lejanos y desconocidos. Un día en 1862
enseñó a Hetzel el manuscrito de una novela inspirada en las
experiencias de Madar que se proponía a lanzar el globo, El Gigante,
convencido de que el aerostato iba a revolucionar los viajes. En la
novela el globo se llamaba Victoria y sobrevolaba gran parte de
Africa, Hetzel encontró la novela interesante pero mal construida y de
pésimo estilo. Señaló al joven autor los arreglos necesarios para que el
manuscrito fuese publicable. Verne volvió a escribir su novela y el
24 de diciembre de 1862 salía Cinco semanas en un globo, el
primero de los cuarenta y seis relatos de viajes extraordinarios
que Julio Verne iba a escribir en el espacio de cuarenta y cinco años.
El éxito fue tal que Hetzel ofreció inmediatamente un contrato al autor.
No cabe duda que el libro respondía a una necesidad; estaba naciendo
la literatura para la juventud.
La
sed de aventura de los intrépidos personajes de Cinco semanas en
un globo no desembocaba en un conocimiento de la Tierra sino, en
realidad, en una liberación del hombre con relación a uno de los
elementos naturales. El libro siguiente, Viaje al centro de la Tierra,
fue publicado en 1864.
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